Salas multiedad
Niños y niñas de distintas edades comparten la sala y aprenden unos de otros, como una gran familia: los más grandes cuidan y guían a los más pequeños, y éstos aprenden imitando a los mayores.
3 a 6 años
Un espacio cálido donde la infancia se despliega a su tiempo, a través del juego, la imitación y el contacto con la naturaleza.
Así como la flor anuncia el fruto, la niñez del hombre es la promesa de su vida futura.Rudolf Steiner
Cada mañana las puertas del jardín se abren para recibir a las infancias en un entorno hogareño, cálido y cercano: un puente que las acompaña de sus casas hacia el mundo social. La imitación es el recurso primordial y esencial del aprendizaje en la primera infancia, y las maestras acompañan de forma cercana a cada niño y niña con sus gestos cotidianos, con su presencia amorosa y con una envoltura cuidadosa de sus necesidades individuales.
El juego libre es la actividad central. A través de él, los niños y niñas desarrollan su voluntad, su imaginación y sus primeros vínculos. Jugar es, a esta edad, la forma más seria y profunda de aprender el mundo.
Sostenemos que un niño que puede desplegar su imaginación en el juego devendrá en un adulto que pueda pensar creativamente. Las maestras despliegan las atmósferas necesarias para que el juego suceda de forma cuidada y nutritiva.

Cada mañana está organizada en función de un ritmo que armonice los momentos de inhalación y exhalación: trabajar de forma individual y social, concentrarse en una tarea minuciosa o expandirse en un ámbito abierto. Así los propios ciclos vitales se armonizan y la vida anímica se equilibra. El ritmo diario da envoltura, sostén y seguridad interior a cada niño y niña.
El ciclo anual de las estaciones acompaña en profundidad las vivencias cotidianas, dándole un entramado rítmico al año a través de la celebración de fiestas estacionales en comunidad. Así las infancias crecen en armonía con la naturaleza que las rodea, con un gesto de veneración y agradecimiento.
El contacto con la naturaleza es parte del día: la huerta, los alimentos, los materiales nobles y el juego al aire libre nutren los sentidos y el cuerpo en crecimiento.

Una mañana en el jardín
Niños y niñas de distintas edades comparten la sala y aprenden unos de otros, como una gran familia: los más grandes cuidan y guían a los más pequeños, y éstos aprenden imitando a los mayores.
Materiales abiertos y naturales que invitan a imaginar, construir y crear. Las propuestas pedagógicas orientan y dan envoltura, evitando pautas rígidas.
La voluntad se despierta y se forma en tareas cotidianas con sentido: amasar, cocinar, trabajar la tierra, ordenar y embellecer.
A través del tejido de dedos, el bordado o el telar, las infancias despliegan sus manos en un hacer con sentido que nutre la vida anímica y desarrolla habilidades motrices. La pintura con pastas y acuarelas les abre un canal para vivenciar colores, formas y el mundo interior.
Cada mañana empieza con una ronda de música y movimiento que ayuda a despertar y a habitar el cuerpo, con melodías, poesías y gestos con sentido.
Cada mañana la cocina del jardín se despierta para preparar una merienda nutritiva, hecha con alimentos orgánicos y naturales: frutas, verduras y cereales para acompañar el crecimiento.
La pedagogía Waldorf cultiva los sentidos volitivos —tacto, movimiento, equilibrio y sentido vital—. Los materiales son nobles y naturales (madera, lanas, sedas) y los recursos didácticos son simples: muñecas de tela, caracoles, piedras, ramas. Eso posibilita un gran desarrollo creativo en el mundo de imágenes y fantasías de los niños y niñas.
Máximo de 20 niños y niñas por sala, acompañadas por una pareja pedagógica de dos maestras: un seguimiento cercano e individual de cada infancia.
Dos veces por semana, los más grandes de ambas salas trabajan con una maestra que los acompaña en el proyecto de articulación con la escuela primaria.
Agendá una visita y viví una mañana en la Escuela de la Aurora.
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